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Mar Basil

Mar Basil

"Las escuelas de economía, las académicas, aquellas, las redefinidas como las más prestigiosas por el sistema neoliberal, forman profesionales con cierta cautela; me explico, una cautela sin grietas, sin dudas,  que les permita organizar la economía con una estrategia de distribución y reparto divisorio que coloca y sitúa a los colectivos en áreas y espacios de desigualdad. Personas, ellas, “muy profesionales”, que encauzan y rigen la normativa y el devenir del proceso socioeconómico hacia una rentabilidad mercantil en esa cadena de acceso a las necesidades más vitales. Y esa rentabilidad se sustenta en una estructura de poder. Una manera muy evidente de trabajar de manera conjunta entre las empresas multinacionales, las grandes cadenas alimentarias y los bancos mundiales y con una estrategia que trata de mercadear de una forma más rentable, más rápida, y de consumo insaciable. En una época de la vida que nos está tocando experimentar con grandes ausencias, momentos de soledad y de falta de cuidados, resulta obvio y me atrevo a manifestar que los recursos alimentarios, como la agricultura de gran intensidad y que invade enormes espacios de tierra, contribuye al descontrol del equilibrio de la naturaleza. Eh ahí, donde la temeridad se acerca y nos lleva a semejar y relacionar pandemias y virus con la explotación de la agricultura  a gran escala. ¿Nos merece la pena como sociedad y ciudadanía que se nos supone sensata, equitativa y defensora de la salud pública?, creo que no. El tráfico mundial excesivo de mercado, la invasión de las urbes e industria contra la naturaleza se nos vuelve en nuestra contra. Las especies animales que necesitan su hábitat rural, cada vez se nos acercan más porque les estamos condenando a ello y su forma de existencia muta y cambia de manera contranatura. Y este tipo de mercado, de rentabilidad, de explotación rápida y de consumo  extenuado,  da ventaja y otorga más poder a la banca clásica y clasista. Por ello es muy necesario reconducir la relación que tenemos con las finanzas. Es vital una banca ética de cercanía, que apoye  los proyectos sostenibles, a las personas vulnerables y proteja el ahorro y la inversión equilibrada y con fines solidarios. No debemos permitir que con el dinero obtenido a través de un trabajo digno y elaborado desde el desarrollo equitativo en lo personal y colectivo, viaje y desaparezca entre fondos oscuros e invisibles, pero eficaces para tramas de negocios de explotación. Demos confianza hacia el trabajo colectivo, a la toma de decisiones horizontales y a participar con nuestro apoyo en iniciativas de trabajo ético y solidario mediante la colaboración con banca ética. El capitalismo empuja fronteras y ahoga el ecosistema. Hemos de contribuir a parar la invasión de una producción desmedida y pensar sobre otra vida que satisfaga nuestras propias ecuaciones de vida. Y quiero también, como mujer, añorar, recordar, o mejor aún, reivindicar la economía que llamábamos familiar y doméstica, la que se regía a través de los parámetros del cumplimiento como el de satisfacer aquello que era lo necesario para nuestra salud y nuestro bienestar,  la compra de alimentos/comida diaria, el pago de los recibos derivados del mantenimiento de la casa, luz, teléfono, alquiler etc, cuestiones que pasaban por el valor del trabajo, el ingreso de sueldos y el pago de facturas de economía familiar. Aquella economía que suministraba y mimaba con el razonamiento del bien útil y el afecto y cuidado de una vida digna para quienes pertenecían a esa tribu familiar, cuya responsabilidad la ejercían principalmente las mujeres. El papel de ellas devenía de vivir en primera persona las necesidades, el acceder a comprar lo necesario y no generar consumos sin sentido y sin necesidad. Muy lejos de la inutilidad y perversión de la compra sin fin, creando ansiedad e insatisfacción permanente. Por ello creo que una economía de banca ética, de su manera de proceder, es urgente, es una balsa de salvación y de recuperación del bienestar colectivo. Fiare un proyecto desde lo colectivo, con asambleas de encuentro y participación, con asesoramiento en el proceso de trabajo con ellos, con la cercanía de la información necesaria para saber qué áreas son susceptibles de intervenir y aportar, de colaborar en pequeñas empresas de crecimiento en ese llamado tercer mundo, de favorecer la formación de cooperativas de crédito con mujeres en países en desarrollo y, sobre todo, porque se garantiza y se vela por las necesidades de las personas, de los pueblos y no de los mercados bancarios que se escapan a cualquier normativa de control."

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