La economía social y solidaria gallega tiene algo claro: transformar la realidad no se hace en solitario. Por eso, la semana pasada Galicia acogió una jornada impulsada por Fiare Banca Etica para reflexionar, compartir experiencias y abrir nuevas conversaciones sobre el papel de las finanzas éticas dentro del ecosistema económico gallego.
El encuentro, bajo el título “Las finanzas éticas en la economía gallega”, reunió a representantes de cooperativas, redes de economía solidaria, entidades sociales y organizaciones comprometidas con otro modelo económico posible. Una jornada para pensar colectivamente cómo fortalecer alianzas entre quienes trabajan por una economía centrada en las personas, el territorio y el bien común.
Mucho más que financiación
Las finanzas no son neutrales. Cada decisión económica tiene un impacto en la sociedad, en el medioambiente y en la forma en la que nos relacionamos como comunidad. Esa fue una de las ideas que atravesó toda la jornada: entender las finanzas éticas no solo como una herramienta bancaria, sino como una pieza clave para sostener proyectos con impacto social y fortalecer modelos económicos más justos y resilientes.
Durante el encuentro se abordaron retos compartidos, oportunidades para el tejido social gallego y la necesidad de seguir construyendo espacios donde la economía social y las finanzas éticas puedan dialogar, colaborar y crecer juntas.


Un espacio para compartir experiencias y construir alianzas
La jornada contó con la participación de entidades referentes del ámbito social y de la economía solidaria gallega como REAS Galicia, EspazoCoop, Cáritas Santiago, AGACA, EAPN Galicia o AEIGA, entre otras. También participaron representantes y miembros de la dirección de Fiare Banca Etica, aportando la mirada de una entidad financiera cooperativa que trabaja para poner el dinero al servicio de la transformación social.
Más allá de las ponencias o mesas de debate, el valor del encuentro estuvo también en las conversaciones compartidas, las conexiones generadas y la posibilidad de tejer alianzas entre organizaciones que, desde ámbitos distintos, comparten objetivos comunes.
Porque impulsar otro modelo económico no depende únicamente de financiar proyectos responsables. También implica generar espacios de encuentro, escucha y reflexión colectiva capaces de fortalecer el ecosistema social y cooperativo de los territorios.
Redes que convierten la indignación en acción
La jornada también contó con las intervenciones de Elvira Rivas, coordinadora de Érguete, y Francesca Rispoli, presidenta de Libera, dos organizaciones que compartieron experiencias vinculadas a la lucha social, la construcción comunitaria y la defensa de una sociedad más justa.
Por un lado, Érguete repasó su trayectoria como asociación nacida en Vigo en los años 80 como respuesta ciudadana frente al impacto del narcotráfico y la heroína en Galicia. Más de cuatro décadas después, la entidad continúa trabajando desde el acompañamiento social, la prevención y la atención a personas en situación de vulnerabilidad, manteniendo vivo un movimiento que transformó profundamente la realidad social gallega.
Por otro lado, Rispoli compartió la experiencia de Libera, una red italiana comprometida con la lucha contra las mafias, la corrupción y las desigualdades desde una perspectiva de corresponsabilidad social. Durante la conferencia se puso el foco en la importancia de construir ciudadanía activa, generar memoria colectiva y entender que la justicia social y la paz solo son posibles desde la implicación comunitaria y el trabajo colectivo.
Pensar la economía desde el impacto social
En un contexto marcado por la incertidumbre económica, las desigualdades y los desafíos sociales y ambientales, encuentros como este ponen sobre la mesa la importancia de seguir construyendo alternativas financieras alineadas con las necesidades reales de las personas y comunidades.
Las finanzas éticas forman parte de esa respuesta. Una forma de entender la economía desde la transparencia, la participación y el impacto positivo, apoyando iniciativas que generan valor social, ambiental y comunitario.
Y precisamente ahí reside el sentido de jornadas como esta: recordar que otra economía no solo es posible, sino que ya existe y se construye cada día desde redes, cooperativas, entidades sociales y proyectos comprometidos con transformar el territorio desde lo colectivo.








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