En un edificio de cuatro plantas en el corazón de Cali, que en su día fue símbolo de la economía ilegal y hoy ha sido expropiado al narcotráfico, está naciendo la Casa de la Paz. No se trata solo de un proyecto arquitectónico de regeneración urbana, sino del corazón palpitante de una apuesta ambiciosa: demostrar que la paz se construye a través de la inclusión económica y la solidaridad social.
Al centro de este renacimiento se encuentra la intervención de Cresud —entidad participada mayoritariamente por Banca Etica y dedicada a programas de microfinanzas y cooperación en el Sur Global—. Su participación es la prueba concreta de cómo las finanzas éticas pueden influir directamente en el bienestar de las comunidades, transformando la fragilidad en oportunidades de desarrollo.
Un ecosistema de paz bajo el mismo techo
La Casa de la Paz es el fruto de una sinergia entre organizaciones que han decidido no dejar solos a los excombatientes de las FARC en su delicada transición a la vida civil:
- Ecomún: Nacida de los Acuerdos de Paz de 2016, es la cooperativa «madre» que reúne a más de 120 formas asociativas y a 7000 personas socias, ofreciendo la estructura política y técnica para la reintegración.
- De Mano en Mano: Cooperativa multiactiva que gestiona operativamente el proyecto. Ayuda a los pequeños productores a crear marca, embalaje (packaging) y redes de venta para sostenerse a sí mismos y al proyecto.
- Cresud: En este contexto, las finanzas éticas son un motor vital. A través del apoyo de Cresud, el proyecto recibe no solo recursos, sino también legitimidad, apostando por el valor social de la iniciativa y su capacidad para generar una economía local limpia y sostenible.
El contexto: entre la esperanza y las heridas abiertas
Colombia vive una paradoja. Aunque el Acuerdo de 2016 puso fin formalmente al conflicto, la justicia social y la ausencia de violencia siguen siendo una meta lejana. En Cali, una ciudad marcada por profundas desigualdades y tensiones, la reintegración de los excombatientes (unos 250 residentes en la ciudad) se ha topado a menudo con el asistencialismo y la burocratización. La falta de tierras cultivables y la ausencia de canales comerciales han precarizado las trayectorias de vida de quienes dejaron las armas.
La Casa de la Paz nace, por tanto, en un terreno difícil, con el objetivo de transformar un bien confiscado al narcotráfico en un centro (hub) de servicios:
- Espacios de cocreación y formación.
- Oficinas.
- Una tienda física para los «productos de la paz».
- Una cafetería donde comprar el café de los exguerrilleros se convierte en un acto de reconciliación política y social.
Es la respuesta colectiva a la fragmentación social de un país que intenta con esfuerzo pasar página. Crear oportunidades comerciales para excombatientes o instalar paneles solares significa alimentar una economía que genera relaciones y reconciliación.
El edificio de la Casa de la Paz, lastrado por deudas anteriores y con necesidad de reformas estructurales, representa la metáfora perfecta de los desafíos del posconflicto. Aquí, la contribución financiera de Cresud es una inversión en capital humano, y las finanzas éticas se confirman como una de las pocas herramientas capaces de generar procesos de redención duraderos.
El modelo de intervención de Cresud
Cresud opera como un motor de desarrollo para la economía solidaria en el Sur Global a través de tres pilares fundamentales:
- Finanzas de proximidad: Cresud interviene en contextos difíciles donde el sistema bancario local no suele llegar. En el caso de la Casa de la Paz, actúa como garante y financiador de un proceso de capacity building (fortalecimiento de capacidades y competencias).
- Enfoque mutualista: La financiación contribuye a conectar a la cooperativa De Mano en Mano con el mercado y con el movimiento del comercio justo.
- Sostenibilidad integrada: Cada euro invertido sirve para financiar la eficiencia energética (paneles solares) y crear empleo directo para los excombatientes que residen en Cali.
Foto créditos : Flavia Carpio su Unsplash