Quien haya escuchado alguna vez la historia de Banca Etica y de las finanzas éticas en Italia, seguramente habrá oído hablar también de las MAG, es decir, las cooperativas financieras de autogestión mutua, organizaciones que participaron activamente en la fundación de Banca Etica.
¿Qué es una MAG?
Por MAG (acrónimo de Mutua Auto Gestione / Autogestión Mutua) se entiende una cooperativa de finanzas mutualistas y solidarias que opera bajo criterios de solidaridad, reciprocidad, ética y transparencia.
En Italia, la idea de otorgar microcréditos a personas excluidas del mercado financiero tradicional nació en 1978 con la MAG de Verona, gracias a la iniciativa de mujeres y hombres activos en el tejido asociativo que creían firmemente en la economía solidaria y en nuevas formas de trabajo autogestionado.
Aunque la constitución legal de MAG Verona se remonta a 1978, su nacimiento real tuvo lugar en 1975, cuando se formó un grupo de apoyo político y técnico-profesional para los trabajadores de Salgraf, una empresa de artes gráficas cuyo propietario había decidido —sin negociación sindical alguna— cerrar la actividad y reorganizarla. Tras varios incidentes, Salgraf fue declarada en quiebra y sus trabajadores asumieron la autogestión. Así nació la Cooperativa Lavoratori Grafici (Cooperativa de Trabajadores Gráficos), lo que hoy llamaríamos un workers buyout (adquisición de la empresa por parte de sus trabajadores), las «fábricas recuperadas» en las que Banca Etica invierte con convicción, siendo un socio esencial en Italia para este tipo de iniciativas.
MAG Verona comenzó ofreciendo asesoría administrativa, fiscal y legal a cooperativas de trabajo de diversos sectores (metalúrgico, textil, social, agrícola) hasta que, poco después, incorporó la «captación de ahorro» a sus funciones estatutarias. En ese momento, se encontraron con un grupo de jóvenes que habían ocupado una finca agrícola pública y habían comenzado a cultivar la tierra, criar animales y realizar actividades de agroturismo. La cooperativa agrícola quería comprar al menos el caserío, pero no tenía dinero ni garantías formales. Así, en pocos meses, MAG Verona recaudó los ahorros de sus socios, compró la propiedad, se la alquiló a la cooperativa agrícola y esta, mediante pagos aplazados en el tiempo, acabó convirtiéndose en su propietaria.
Ya en los años 70 quedó en evidencia que los bancos tradicionales captaban los ahorros de ciudadanos y familias para prestarlos a grandes empresas, cuando no los destinaban a fines especulativos, al mero negocio orientado al beneficio de unos pocos, o al comercio de armas y armamento.
De esa toma de conciencia surgió la idea de las MAG, con el objetivo de captar el ahorro de sus socios para prestárselo a personas y familias en dificultades, o a quienes propusieran proyectos con fines sociales específicos y un impacto positivo en el medio ambiente y el territorio.
Las MAG son, por tanto, una red de personas, grupos y empresas que comparten no solo dinero, sino también tiempo, habilidades e información, trabajando de forma conjunta por el bienestar común. Una realidad en la que ahorradores y deudores son socios, y donde los proyectos a financiar se eligen en función de relaciones de solidaridad y confianza mutua.
Los préstamos suelen ser de pequeña cuantía, se realizan en ámbitos territoriales muy definidos y están respaldados únicamente por garantías relacionales. Las relaciones entre los socios financiados y los financiadores se basan en principios de reciprocidad, confianza y responsabilidad.
Hoy en día, algunas MAG están reconocidas formalmente por el artículo 111 de la Ley de Regulación Bancaria italiana (Testo Unico Bancario) como «operadores de finanzas mutualistas y solidarias dentro de la categoría más amplia del microcrédito».
Principales ámbitos de actuación de las MAG:
- La solidaridad social: proyectos de inserción sociolaboral de personas vulnerables o con discapacidad; iniciativas con menores, personas mayores y migrantes.
- El medio ambiente y la ecología: financiación de proyectos de recogida selectiva y reciclaje de residuos, energías renovables, agricultura ecológica y natural, y alimentación saludable.
- Las actividades culturales y deportivas: promoción y dinamización social y cultural del territorio, producción artística y turismo responsable.
Foto de Hannah Busing – Unsplash