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Un bioparque que cultiva comunidad

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Un bioparque que cultiva comunidad

A diez kilómetros del centro de Fano, entre las colinas de la región italiana de las Marcas, hay un rincón inesperado. Se llama Vita da Pacos: un bioparque social inmerso en plena naturaleza donde conviven alpacas, burros, gallinas, abejas, un huerto ecológico, un agroturismo, un agro-camping, talleres creativos, campamentos de verano, noches de música y fiestas de cumpleaños. Todo junto, en un flujo continuo de personas, actividades y relaciones.

No es fácil definirlo con una sola palabra. No es solo una granja escuela, no es solo un agroturismo, no es solo un centro cultural. Es todo eso a la vez, unido por una visión muy clara: construir un espacio abierto, acogedor y arraigado en el territorio, donde la naturaleza educa, las relaciones importan y el trabajo tiene un sentido.

Un sueño colectivo que nació desde abajo

Vita da Pacos nació en 2022 de la mano de Elisa, Matteo y Aurora, tres personas con profundas raíces en el mundo de la educación, la cooperación social y la acogida. Durante más de veinte años habían trabajado en contacto directo con la vulnerabilidad mental y psíquica, con jóvenes y en proyectos formativos. En un momento dado, sintieron la necesidad de volcar toda esa experiencia en un lugar físico, concreto y de gestión familiar.

El proyecto arrancó gracias a un crowdfunding que no fue solo económico, sino también de energía: amistades, confianza y trabajo compartido. Menos de un año después de su inauguración, Vita da Pacos ya se había convertido en un colectivo artístico, cultural, naturalista, lúdico y social.

Hoy en día, el equipo incluye también a Stefano, Maria, Mattia, Jabel, Giulia, Momo, Juri, Alice, Federica, Emanuele, Alessandro y muchos otros jóvenes que disfrutan estando allí y aportando su granito de arena al proyecto: cada uno con su papel, su historia y su pasión. Juntos forman algo que se parece más a una comunidad que a un organigrama empresarial.

Animales «jubilados» y comida de kilómetro cero

Uno de los rasgos más característicos de Vita da Pacos es la forma en que trata a los animales del parque. No son ganado productivo, sino animales al final de su vida útil o laboral: la vaca coja, el burrito que ya no puede trabajar, las gallinas jubiladas… Cada animal es recibido y cuidado por lo que es, no por lo que produce. Una filosofía que se refleja en todo el proyecto.

Por su parte, el agroturismo ofrece una cocina auténtica y de kilómetro cero —pan casero, huevos frescos, verduras del huerto, platos de temporada—, prestando especial atención a los productores locales, muchos de los cuales ya forman parte de la red de Banca Etica. Los viernes por la noche se organiza una cena con harinas ecológicas y platos vegetarianos; los domingos, el parque se llena de familias, niños y grupos de amigos. Hay quien llega con la guitarra y pide tocar. Hay quien se baja del coche y se queda toda la tarde sin saber muy bien por qué.

Vita da Pacos no es un lugar estático. Cada estación trae nuevas actividades: talleres creativos para niños, cursos para adultos, visitas escolares a medida, un campamento de verano que ya va por su tercera edición, noches de música, bodas y eventos privados. También cuentan con un proyecto de apicultura —Bee.autiful— con una pequeña producción de miel natural, concebido además como una herramienta educativa para acercar a la gente al mundo de los polinizadores.

En 2025, para celebrar su tercer aniversario, el bioparque organizó el primer Festival de la Acogida: un evento que celebró la música, la apertura y la naturaleza, planteado como un acto de resistencia cultural en un tiempo en el que a la diversidad le cuesta encontrar su espacio. Una elección totalmente coherente con la identidad del proyecto: hacer cultura no es un complemento, está en su ADN.

El respaldo de Banca Etica: un banco invitado a participar

Vita da Pacos llegó a Banca Etica en su segundo año de vida, en plena fase de startup, gracias al boca a boca de socios comunes. Buscaban un banco colaborador para dar continuidad a las primeras inversiones que ya habían iniciado con el crédito cooperativo local. Riccardo Dolci, responsable de la sucursal de Ancona, recuerda cómo fue el proceso:

«Nos contactaron a través de socios comunes y, antes de evaluar la solicitud, fui a visitarlos como un cliente más, sin presentarme. Quería entender de verdad qué hacían», relata Dolci. «Lo que vi me impactó: le ponen el alma, desde la familia que gestiona el lugar hasta las personas que se involucran. Hay un proyecto de acogida real, hecho de intercambio, hospitalidad y espacios compartidos. Vi a gente bajarse del coche con la guitarra y pedir tocar. Es uno de esos lugares donde las personas se sienten como en casa».

Antes de dar el paso, Banca Etica realizó su evaluación socioambiental, una herramienta que el banco aplica sistemáticamente para verificar que los proyectos financiados generen un impacto coherente con sus valores. «El evaluador social fue al lugar y confirmó lo que habíamos percibido», explica Dolci. Entre los elementos clave que convencieron al banco destacan las numerosas actividades dirigidas a niños y jóvenes, el cuidado de los animales ancianos, la cadena de suministro corta y la integración con el tejido asociativo de la zona.

El apoyo inicial consistió en una financiación de 30 000 euros; una cifra modesta en comparación con la envergadura total del proyecto, pero con una gran carga simbólica.

«No nos buscaron como un último recurso desesperado», aclara Dolci. «Éramos un banco invitado a participar en un proyecto porque compartimos valores: la convivencia, la educación, el uso compartido de los espacios. Esa es la diferencia entre una relación de crédito fría y estéril y una relación con sentido».

Hoy en día la alianza continúa: hay en marcha otra pequeña financiación para completar la fase de consolidación del proyecto y permitir que Vita da Pacos despegue definitivamente sobre una base sólida. El banco también ha implementado las herramientas operativas básicas (cuenta corriente, datáfono), pasando a formar parte del día a día del bioparques, y no solo de su balance.

En los campos de Fano, este rincón inesperado sigue llenándose los domingos, incluso cuando llueve, a pesar de estar a diez kilómetros del centro. Uno no pasa por allí por casualidad. Se va porque alguien te ha hablado del lugar, porque tienes un hijo que quiere ver las alpacas o porque buscas un sitio donde sentirte bien. Y una vez que vas, lo normal es volver.

Créditos de las fotos: Vita da Pacos